A nuestros sentidos, quietos pero expectantes, llegan estímulos (exteriores e interiores) (Eros). El origen de la irracionalidad está en los sentidos y por lo tanto en esos estímulos. La conjunción de ambos “inspira” la imaginación. La imaginación es irracional aunque prefigura razones. Imaginación es la figuración de una cosa que existe y que la hace ser de manera irreal –lo cual no la juzga falsa o verdadera, sino tan sólo la denota como posible (real). La imaginación de posibles da paso a la reflexión racional. Si nuestra consciencia fuera un acto reflejo, entonces siempre actuaríamos en base a lo que percibimos (sentimos) y nunca en base a lo que pensamos e imaginamos.

El pensamiento, la reflexión racional (razón) es en si mismo un proceso de discernimiento, de elección (lógica, razonamiento deductivo, razonamiento inductivo, etc.). Entre la razón y la acción se encuentran las creencias. Lo que un individuo puede creer siempre estará en función de lo que otros creen. Luis Villoro afirma que las creencias son de interés epistemológico en la medida en que estas responden, o no, a estímulos presentes en la realidad, es decir, en la medida en que esos estímulos son compartidos por otros sujetos. Por un lado, lo que un individuo elige siempre estará en relación a lo que otros creen, sea en oposición a ellos o de acuerdo con ellos. Y por otro lado, hay que desconfiar si esos estímulos no fueron efectivamente compartidos. La aprehensión compartida del mundo significa compartir las creencias que sobre ese mundo se tengan. La realidad sólo es, entonces, cuando es compartida. Conocerla sólo es posible, objetivamente, en la medida en que esta realidad sea aprehendida (evaluada) por varios sujetos en circunstancias y condiciones semejantes. Es decir, en la medida que esas creencias tenga relación de verdad con la realidad.

Compartir determinadas creencias implica compartir determinada forma de racionalidad (de reflexión, de elección) y por lo tanto determinadas formas de comportamiento. Los imaginarios sociales, en tanto representaciones introyectadas en los individuos, son también formas compartidas de una misma realidad posible. La realidad, si hemos de definirla, es ante todo un proceso de percepción-construcción compartido de lo que existe, es y puede existir, en cualquier espacio-tiempo que eso suceda, incluyendo el espacio virtual.

El espacio virtual, es el espacio que existe como producto de la interacción con sistemas tecnológicos que permite a un usuario tener en principio la sensación de estar inmerso en mundos tridimensionales que lo conducen al mundo virtual, a partir de cuatros procesos básicos de comunicación , el que se da entre humano-maquina, maquina-maquina, humano-maquina-humano, maquina-humano-maquina. Esa existencia la lleva acabo el hommo-cyborg, definido en un sentido amplio como una mezcla dialéctica entre humano y máquina.

El impulso tecnológico no había permitido, hasta hace unos años, una existencia virtual más allá del poder creador de los sentidos auditivo y visual, aunque estos son de por sí poderosos; actualmente, sin embargo, hay dispositivos que permiten una existencia virtual en la que se puede no solamente oír y ver sino también saborear, oler y tocar. En una revista virtual sobre tendencias tecnológicas se puede leer por ejemplo que, “científicos del Reino Unido acaban de presentar el prototipo del primer dispositivo de realidad virtual de la historia que estimulará los cinco sentidos, y no sólo la vista y el oído. Los investigadores esperan que este sistema, que aún está en fase de desarrollo, llegue a ser más barato y llevadero que los actualmente existentes. Sus posibles aplicaciones van desde viajar a lugares remotos sin necesidad de moverse de casa y con un realismo total, hasta ayudar a los médicos a operar a pacientes que estén en otros lugares del mundo. Asimismo, los investigadores pretenden evaluar el impacto que en la sociedad tendría el hecho de que pudiéramos sumergirnos en la realidad virtual con el mismo realismo con que lo hacemos en el mundo». Tales investigadores, somos por supuesto, los antropólogos, psicólogos, sociólogos y demás científicos´y humanistas sociales, que al igual que muchos individuos en la actualidad tenemos también una existencia cyborg. Ello pese a que seguramente hemos sido nosotros quienes más lentamente nos hemos tecnologizado dada la actividad primordial que es entrar en contacto con los otros y no con las máquinas.

Sin embargo, varios antropólogos, entre ellos mencionar a Arturo Escobar, desde finales de los 80’s ya habían percibido la importancia que en los años subsiguientes tendría la fusión que apenas comenzaba entre el humano y la máquina. La cybercultura se encontraba en ascenso, eran los 90’s, piensen ustedes que hoy prácticamente la cybercultura se ha fusionado con nuestras identidades al grado que muchos ni siquiera cuestionan esa incorporación como parte de su existencia histórica. Si la cultura, ha decir de Gilberto Giménez, es el proceso de continua producción, actualización, transformación y organización social del sentido, interiorizado de modo relativamente estable por los sujetos en forma de esquemas o de representaciones sociales compartidas, y objetivado en formas simbólicas -manifestaciones concretas, todo ello en contextos históricamente específicos y socialmente estructurados; en tanto que las ideologías son aquellos sistemas que estructuran los símbolos y sus significados en relación al poder. La cybercultura debe ser entendida, dice Arturo Escobar, como el campo de fuerzas y significados, en el cual esta compleja producción de sentidos, de vida, de trabajo y de lenguaje, toma lugar dentro del espacio virtual lo que da lugar a nuevas posibilidades para articulaciones potenciales entre los seres humanos, la naturaleza y las máquinas.

En la historia reciente de la humanidad, al menos desde mediados del siglo XIX, el desarrollo de los medios de transporte audiovisual han resultado decisivos para el avance tecnológico e ideológico del capitalismo. Por medio del cine, la radio, la televisión hemos vivido “en carne propia” guerras, desastres naturales, rebeliones, revoluciones, golpes de estado, eventos artísticos, culturales, deportivos, religiosos. Los medios audiovisuales te transportan, te “hacen sentir en” otros espacios sin moverte del lugar en que te encuentres.

Todo trabajo, todo hecho histórico, como parte del movimiento dialéctico de la realidad concreta tiene varias dimensiones, entre ellas la dimensión política y estética pero también la económica y la cultural. La fusión del hombre con la máquina ha dado lugar a una nueva dimensión real, la que se da en la realidad virtual, como una extensión de lo real, como una existencia paralela en la que la corporeidad y la personalidad pueden tornarse otros hasta llegar al anonimato. El hommo cyborg es un invento cultural como muchos otros a lo largo de la historia humana.

Mientras la desigualdad tecnológica no acerque los sistemas tecnológicos avanzados a la población en general para vivir una existencia virtual más plena, con mayores potencialidades, tal como podría darse con el dispositivo antes mencionado que hace uso de los cinco sentidos básicos, la mayoría seguiremos conectándonos a la realidad virtual mediante dispositivos tradicionales, como la televisión, la radio y las computadoras personales que sólo permiten una existencia audiovisual de la realidad virtual. Sin los medios tecnológicos adecuados no es posible conectarse a la realidad virtual. Pero ello no quita que pueda tenerse una existencia en el espacio virtual puesto que la condición mínima para existir en el mundo virtual es que exista una referencia audiovisual (fotográfica, sonora, textual o multimedia ) del individuo, el ser o la cosa.

En este sentido, es claro que la práctica económica fundamental que produce y reproduce la realidad virtual no es otra que la de la reproducción virtual de la vida real, es decir, la virtualización de las relaciones sociales y de la vida misma, puesto que todo lo que es real tiene posibilidad de tener una existencia virtual, incluso Sios. Las prácticas culturales virtuales, como otras tantas prácticas culturales asumen formas simbólicas en relación a estructuras mentales interiorizadas y formas objetivadas bajo formas de prácticas rituales y hechos cotidianos. Las formas objetivadas dependen en su mayoría del medium tecnológico que se use para conectarse a la realidad virtual, el teléfono móvil, la radio, la televisión, el cine, y el internet, mientras que las formas interiorizadas dependen directamente del capital cultural con el que se cuente al hacer uso de los artefactos audiovisuales.

Actualmente, a diferencia de hace 80 años, la televisión, por sobre la radio y la internet, es el medio más común de conexión a la realidad virtual. Sin embargo, con el llamado cambio tecnológico, con el paso de lo analógico a lo digital, es posible que el internet pronto pase a ser el medio más común de conexión a la realidad virtual, al menos en los países con mayor desarrollo capitalista, y es que el internet es una plataforma tecnológica en la que se ha abierto una puerta a un espacio virtual mucho más grande del que pudimos conocer mediante la radio y la televisión.
Las practicas culturales virtuales que se desarrollan tanto en internet como en otros mass media, se concentran, como sucede en otras practicas culturales, como afirma Gilberto Giménez, en torno a nudos institucionales poderosos (centros de poder dentro de la red de redes): el estado, los ejércitos y policías, las mafias, las corporaciones, las empresas, los mass-media, las universidades, los cuales controlan la posesión y acceso a los llamados servidores y a los cables de fibra óptica, sin los cuales nada en el mundo virtual podría existir, porque es en ellos y por ellos que se almacena y cirucla la información que forma la realidad virtual. Al respecto, aunque cada vez más estos nodos institucionales buscan imponer un mayor control sobre lo que existe en la realidad virtual, es un hecho que también dentro del espacio virtual hay espacio para las luchas de resistencia cultural, lo cual en parte se debe a que los nodos institucionales buscan la administración de las diferencias, mediante operaciones tales como la hegemonización, la jerarquización, la marginalización, la exclusión, la vigilancia, la censura, etc . Esa búsqueda de control que no llega a ser total por la existencia de servidores autónomos, servidores institucionales parcialmente libres, servidores comerciales, ha abierto la posibilidad de que grupos, y movimientos sociales desarrollen actividades de protesta, de contradesinformación, y de lucha.

La realidad virtual, como extensión de la realidad concreta, está estructurada a su imagen y semejanza, es decir, en ella existen los individuos (los usuarios), las series (principalmente series de consumo, pero también de información), los grupos (deportivos, políticos, étnicos, ideológicos, religiosos, etc.) y las comunidades. Cada uno de estos actores desarrolla su existencia en distintos espacios. Esos espacios están producidos a su vez por la propia interconexión individual, serial, grupal, comunitaria que se realiza en el mundo virtual. Esa interconexión es lo que se denomina red social virtual. La amplia capacidad de interconexión mundial así como la velocidad de las comunicaciones ha dado lugar a la formación de múltiples redes sociales, las cuales están definidas por las identidades múltiples de los usuarios, según sus necesidades, según sus intereses.

Al respecto, algunas de las preguntas etnográficas que antropólogos como Arturo Escobar proponían a mediados de los 90’s para el estudio de la cybercultura siguen siendo pertinentes, por ejemplo, ¿cómo estudiar etnográficamente estas prácticas y dominios en diferentes espacios sociales, regionales y étnicos? ¿que conceptos y métodos antropológicos pueden ser apropiados para el estudio de la cybercultura? ¿cuáles tendrían que ser modificados? ¿en qué maneras, por ejemplo, están siendo reestructuradas las relaciones de poder? ¿que nuevas articulaciones locales con formas de capital global y basadas en nuevas tecnologías están apareciendo?¿en qué formas nuestras prácticas sociales y éticas cambian a medida que el proyecto técnico-científico avanza? Son preguntas que haca falta hacerse como parte de la reflexión sobre la antropología de la cybercultura, y de los estudios culturales sobre ciencia y tecnología. Estudios para los cuales, sin duda alguna, hay que adentrarse en el territorio virtual, hacer etnografía del mismo, y para ello hay que conectarse, asumiendonos como cyberantropólogos.

El cyber antropólogo es aquel que realiza antropología en tanto hommo cyber, es decir, en tanto individuo con existencia virtual. Siendo la cybercultura actualmente un conjunto amplio de prácticas culturales que se desenvuelven contradictoriamente en el espacio virtual como el concreto, no tendría porque no existir la cyber antropología, como una práctica cultural virtual del hommo cyber del siglo XXI. La principal actividad de los cyberantropólogos es la producción de documentos audiovisuales para la investigación antropológica, sea que la práctica sociocultural investigada se realice en el espacio virtual o en el espacio concreto. Esa producción de documentos audiovisuales es posible realizarla mediante la virtualización (captura y traducción) de las prácticas culturales observadas. Dicha virtualización se consigue mediante variados dispositivos tecnológicos tales como la cámara fotográfica, la grabadora de audio, y la videograbadora, los cuales son inventos que están directamente relacionados con la aparición y expansión de la realidad virtual, la cybercultura y la cyber antropología.

La producción de documentos audiovisuales como parte de una investigación antropológica es un trabajo no exento de complicaciones. El documental, tal vez la técnica más compleja y conocida de producción de documentos audiovisuales, es un trabajo que requiere el seguimiento de determinados principios éticos y metodológicos. Por ejemplo, para el reconocido documentalista Carlos Mendoza, la investigación, el estilo y la ética son las bases del buen cine documental. «La imagen y el relato documental, escribe dicho autor, han llegado a comienzos del siglo XXI convertidos en material altamente riesgoso, entre otras cosas por la credibilidad inherente que se le atribuye a aquélla, credibilidad que a ojos del espectador es convertida en «verdades» que se ven y no se juzgan, según la demagogia mediática, que proclama que las evidencias visuales valen «más que mil palabras». Detrás de estas trampas, de los intereses que pervierten a la imagen y del engañoso contexto en el que es presentada, está el desapego a esas ’normas íntimamente reconocidas como obligatorias’. De ahí la importancia de poner sobre la mesa el tema de la ética como parte de la práctica del documental, y el rigor investigativo como un valor insustituible de ese mismo quehacer.»
El documentalismo es sin duda el trabajo más reconocido de los antropólogos visuales o cyber antropólogos, pero ¿qué otras potencialidades brindan otros medios de transporte audiovisual, otras tecnologías de la comunicación, tales como la telefonía fija, la banda ancha, la telefonía móvil, las computadoras, el internet, los reproductores de audio y video, las consolas de juego. Realmente no estamos seguros que como antropólogos ya los hayamos evaluado más allá de observar la practicidad con que las nuevas tecnologías de la información y la comunicación hacen posible la interconexión a pesar de la distancia y el tiempo.

En este sentido, tal vez la otra práctica cultural virtual más importante dentro del quehacer antropológio del cyber antropólogo, después del registro fotográfico y el documental, es la publicación y particularmente la autopublicación de textos en revistas, blogs, periódicos, para la difusión del conocimiento antropólógico como parte de actividades relacionadas con la investigación y la docencia en la antropología. Como en el documental, la ética y el rigor investigativos, son principios ineludibles para que esos textos realmente puedan convertirse en documentos histórico antropológicos para la realización de análisis científicos y humanistas serios.

Textos citados

Escobar, Arturo, Bienvenidos a Cyberia. Notas para una antropología de la cibercultura, en Revista de Estudios Sociales, no. 22, diciembre de 2005
Giménez, Gilberto, Estudios sobre la cultura y las identidades sociales, México, Conaculta- ITESO, 2007
Mendoza, Carlos, La invención de la verdad, nueve ensayos sobre cine documental. México, UNAM, 2008
Villoro, Luis, Creer, saber, conocer. México, siglo XXI, 1982

Publicado originalmente en Revista Tlachia No.2 Revista Estudiantil de Antropología Visual. UAM-Iztapalapa, 2012