Las coaliciones políticas son formaciones que de manera amplia acogen individuos y grupos sociales para la consecución de propósitos en común, siendo el principal la toma o formación de gobierno, pero puede haber otros propósitos a mediano o largo plazo. En la historia de los Estados nacionales coaliciones y caudillos son de gran importancia, al grado que las coaliciones muchas veces han sido denominadas con el nombre de sus caudillos, sin embargo, ello ha tendido a ocultar las contradicciones y traiciones de dichas coaliciones.

Hagamos un poco de memoria sobre coaliciones y traiciones en la historia de México.

Iturbide en 1820 negoció una coalición. De hecho es el primer político que recorre todo el país buscando negociar una coalición que agrupara a cientos de municipios libres, guerrillas, empresarios, militares, clérigos, etc. Dicha coalición permitió acabar un ciclo importante de guerra civil que se había vivido desde 1810 y que dejó en una década 600 mil muertes. Esa coalición se conoce como Plan de Iguala. Iturbide tendió hacia el conservadurismo rompiendo al mismo tiempo la alianza con el liberalismo popular, es decir con los pueblos. De ahí el posterior asesinato de Vicente Guerrero y otros líderes campesinos de la época por el iturbidista conservador Anastasio Bustamante. La coalición triunfó y traicionó a los pueblos. Se recuerda la entrada a la Ciudad de México por el ejército Trigarante el 27 de septiembre de 1821 como día en que se firma la independencia, pero no el cumpleaños de Iturbide ese mismo día.

Para acabar la guerra entre liberales y conservadores, Juárez, aprovechando su origen étnico, formó una coalición entre gobierno y pueblos lo que le permitió derrotar a los conservadores y a los invasores franceses. La batalla del 5 de mayo, hoy por hoy más recordada en Estados Unidos que en México, no se hubiera ganado sin los miles de indígenas que bajaron de la sierra norte de Puebla a apoyar a los otros miles habitantes de los valles centrales quienes juntos enfrentaron al ejército enemigo en la batalla de Puebla de 1862 y en muchas otras batallas más. Juárez y su grupo eran conscientes que la única manera de impulsar el desarrollo capitalista era poner en circulación mercantil la tierra de los pueblos y de las congregaciones religiosas, y así lo hizo. Las rebeliones de Julio López Chávez y Miguel Negrete en el altiplano central entre 1868 y 1872 consecuencia de los despojos a los pueblos colocan a Juárez como lo que fue, un liberal represor y traidor. La coalición juarista triunfó y traicionó a los pueblos. Quienes más se enriquecieron con la desamortización de la tierras fueron precisamente los liberales.

Para levantarse contra el régimen Porfirio Díaz se formo una coalición de campesinos del sur, hacendados y peones del norte, obreros textileros, etc. Madero encabezó esta gran coalición convocándola por medio del Plan de San Luis, lo que semanas después provocó la renuncia de Díaz y la posterior elección de Madero como presidente. Madero giró hacia la derecha presionado por las élites porfiristas por lo que traiciona a Zapata y a los grupos campesinos y populares, abriendo así una etapa de fuerte guerra civil que duraría una década (1910-1920). La coalición triunfó y traicionó a los pueblos. El liberalismo democrático de Madero unió, pero fue insuficiente para mantener esa unidad en un contexto de gran descontento social.

Al final del periodo de guerra civil que comprende la revolución mexicana entre 1910 y 1920 dos coaliciones se enfrentaron, los constitucionalistas y los convencionistas. Habría seriamente que considerar como propaganda oficialista la interpretación que afirma que las propuestas políticas de los convencionistas se vieron plasmadas en la Constitución de 1917, no por que no estén a la letra, sino porque ese supuesto triunfo supuso la derrota de los convencionistas, es decir de las fuerzas populares. La coalición triunfó y traicionó a los pueblos. Carranza nos carranceó la revolución y el pleito no cesó en las filas de la Familia Revolucionaria hasta la llegada de Cárdenas. Tampoco hay que olvidar que una alianza de Estados Unidos con los constitucionalistas contribuyó a la derrota militar de los convencionistas, pues los Estados Unidos al abandonar el puerto de Veracruz tras su invasión a México en 1914 le dejaron a Carranza gran cantidad de armas y pertrechos que fueron importantes para la derrota militar de los convencionistas.

Cárdenas en 1938 encabezó una alianza entre gobierno y pueblos, lo que le permitió por un lado, hacer un importante reparto agrario que a la larga detuvo el proceso de acumulación de capital aunque en el corto y mediano plazo este reparto fue sustento mismo del desarrollo industrial del país; y por otro lado, le permitió llevar a cabo la expropiación petrolera con lo que aseguró el sostenimiento económico del Estado mexicano y de una élite avariciosa para la siguientes décadas, en lo que es llamado la época del milagro mexicano. Esta coalición fue corporativizada en el PRI: campesinos, obreros, burócratas, militares y empresarios. La coalición de estas fuerzas es lo que ha permitido durante décadas al PRI ganar elecciones regionales, estatales y nacionales. Aunque podríamos afirmar que la coalición encabezada por Cárdenas no traicionó a los sectores populares, la coalición institucionalizada luego en el PRI si que lo hizo. Lo sucesivos gobiernos del PRI, populistas, autoritarios, paternalistas, asistencialistas y hoy por hoy neoliberales, lejos de producir mejoras reales en bienestar de la población, produjeron el desarrollo de una avaricia infame entre las élites del país que las pudrió moralmente. Esta pudrición del PRI y de todos los partidos políticos ha llevado a una profunda crisis al Estado mexicano.

Entre 1938 y 1988 contamos pequeñas pero importantes coaliciones populares contra el régimen priísta, a contraparte del surgimiento de multiplicidad de expresiones de descontento en todas partes del país, movimientos estudiantiles, obreros, campesino indígenas. Destacan las coaliciones encabezadas por Demetrio Vallejo, Heberto Castillo, Valentín Campa, el PSUM entre otros. Destaca también el intento de unidad que llevó a la formación de la Liga Comunista 23 de septiembre (1973), derrotado por la acción represiva del estado y las inconsistencias teórico-prácticas del proceso. Las coaliciones político electorales toman importancia conforme decaen las coaliciones político militares, sin embargo en los años 90 se mantienen intentos por formar alianzas político militares, la mayoría de ellas de caracter regional y no nacional. Está cuestión no es menor pues es probable que hasta que la izquierda tomó rasgos ideológicos nacionalistas es que se ampliaron las posibilidades de triunfo aunque ello supuso la renuncia programática a postulados de la izquierda tradicional, socialista, comunista, etc.

Cuauhtemoc Cárdenas en 1988 intentó una coalición electoral tras romper con la cúpula neoliberal del PRI. Esta alianza tuvo participación de sectores populares que aun recordaban los beneficios traídos por el general Cárdenas (padre). El fraude impidió a esta coalición tomar el poder, lo que le costó cientos de militantes asesinados para el naciente PRD. Al paso de los años el PRD dejó de ser en sí mismo una coalición para convertirse en un corporeo clientear parasitario del Estado como todos los partidos, en un partido de izquierda moderna que establece coaliciones electorales con fines pragmáticos con cualquier otro grupo político y clientelar. La coalición de Cárdenas (hijo) no contó con los apoyos suficientes en las élites para impulsar su proyecto nacionalista. Podríamos decir que por ello fue incluso una coalición popular de izquierda. Los tecnócratas filoyanquis del ala neoliberal se impusieron dentro del PRI a los viejos liberales patróticos y populistas. La coalición no triunfó pero si que traicionó a las fuerzas populares pues en la memoria de la gente aun se le guarda rencor a Cuauhtemoc Cárdenas por no haber llamado a la rebelión.

En 1994 el propio Cárdenas (PRD) en conjunto con el EZLN y una gran cantidad de pequeñas fuerzas populares convocadas por el EZLN pusieron en marcha una coalición que a pesar de contar con la participación de fuertes bases populares (agrupadas en la Convención Nacional Democrática) no triunfó en las elecciones. Se dice que el voto del miedo impulsó a los sectores tradicionales del PRI a votar por su partido y no a optar por la alianza popular, ante el escarmiento que representó el asesinato del candidato que dentro del PRI estaba llamado a encabezar una nueva alianza patriótica o eso dicen que haría Colosio. Como fuera es obvio que la alianza del (neo)cardenismo con EZLN tampoco contó con los apoyos suficientes ni abajo ni arriba. Esta coalición es importante porque marcó el inicio de la ruptura del EZLN con el PRD, que a pesar de haber tomado el gobierno de la ciudad de México en 1997 o por ello mismo, no pudo contener la lucha entre corrientes internas, facciones comandadas por líderes pragmáticos, (neo)liberales, gobiernistas y corruptos, que lo han llevado a su actual crisis política.

En 2006 el EZLN convocó a una coalición popular de fuerzas agrupadas bajo el discurso anticapitalista en lo que se conoció como Sexta Declaración de la Selva Lacandona y la Otra Campaña. No fue esta la primera convocatoria a una coalición de fuerzas populares lanzadas por el EZLN, ya lo había hecho antes en la Segunda con el llamado a la Convención Nacional Democrática, en la Tercera con el llamado al MLN que Cárdenas no aceptó encabezar, en la Cuarta con el llamado a la constitución del Frente Zapatista, en la Quinta para sumar apoyos a favor de los Acuerdos de San Andrés. La Sexta declaración, sin embargo, si significó un giro hacia una postura radical por parte del EZLN. La Otra Campaña fue un recorrido por gran parte del país con la intención explícita de levantar una insurrección civil y pacifíca, intento que fue aplastado a sangre y fuego por el Estado con la toma militar de San Salvador Atenco el 3 y 4 de mayo de 2006. En el año 2006 López Obrador compitió en las elecciones con una coalición popular y partidaria (PRD-PT-Convergencia) que no contó el apoyo del EZLN y que a decir de los perredistas costó caro a López Obrador, aunque no está comprobado. Lo que si está comprobado es que la traición del PRD al EZLN se había llevado a cabo desde años antes con el apoyo que dieron a la contrarreforma indígena y a paramilitares en Chiapas a finales de los noventa. Además de que el propio PRD se vio involucrado en la represión contra San Salvador Atenco. No siendo estos los únicos ejemplos de pragmatismo traidor que el PRD ha dado en su debacle. La coalición del EZLN no triunfó pero tampoco traicionó a los pueblos; López Obrador, sin embargo, explícitamente operó para neutralizar la rabia popular, así lo dijo y así lo hizo.

En 2012 López Obrador intentó nuevamente una coalición electoral para tomar el poder, apostando ahora con un rancio discurso de amor y paz a sectores ciudadanistas de clase media más que a sectores populares, supuestamente ya fieles a su causa tras años de recorrer el país. PAN y PRI establecieron una coalición que derrotó en las urnas, con o sin fraude, a López Obrador, lo que permitió el regreso del PRI al gobierno, que con sus políticas autoritarias ha profundizado la guerra civil, la crisis de derechos humanos, y las consecuencias nocivas de las reformas neoliberales que se aprobaron durante el gobierno de Calderón, más la que el propio régimen de Peña Nieto ha impulsado. La coalición del PAN-PRI y el PRI-PAN en las elecciones de los años 2000 y 2006 pudieron triunfar no sólo por incentivar el voto duro de sus militantes mediante el pago del voto, sino que además se granjearon el apoyo de otros actores del capitalismo mundial, particularmente de Estados Unidos. Las coaliciones electorales del PAN-PRI y del PRI-PAN son coaliciones pragmáticas sin base de apoyo popular, su fortaleza por ello no hay que buscarla abajo sino arriba.

En 2018 encontramos un panorama donde se están confrontando dos grupos que se llaman a si mismos coaliciones, pero no lo son, y una tercera fuerza representada por la alianza MORENA. Al incio de las campañas en sendas entrevistas para LaJornada los tres candidatos líderes afirman ser la coalición más fuerte y mejor pensada. López Obrador sostiene que Anaya y Meade estarían negociando una coalición neoliberal como la de 2012 y 2006, sin que se hayan puesto de acuerdo pues como sostiene Anaya, el PRI convertido en símbolo de la corrupción es poco atractivo para el electorado: el rey está desnudo. Ni el Meadismo ni el Anayismo existen como coaliciones, ambas son fracciones de una misma clase y con los mismos intereses neoliberales. Aunque no es descartable una alianza de facto entre las distintas fracciones neoliberales (PAN-PRI-Zavala) ello no les garantizaría un triunfo arrollador, aunque tampoco lo necesitan pues en elecciones pasadas ya se han impuesto con un mínimo de votos de diferencia.

El EZLN sin abandonar su postura anticapitalista sorprendió al mundo entero con su propuesta al Congreso Nacional Indígena de conformar un Concejo Indígena de Gobierno y de lanzar como candidata independiente a la vocera del mismo. Sin que la alianza civil encabezada por el Concejo Indígena de Gobierno haya cumplido el propósito de sumar las suficientes firmas para que Marichuy fuera reconocida como candidata independiente, parece claro que esta coalición encabezada por el CNI-EZLN no se va sumar a la coalición encabezada por López Obrador a quien hemos visto en spots publicitarios asegurando una y otra vez que no va traicionar al pueblo de México (como lo hicieron Iturbide, Juárez, Madero y Carranza) lo cual resulta curioso pues el propio López Obrador dice retomar el ejemplo de las coaliciones encabezadas por Juárez y Madero, que como hemos dicho antes traicionaron a las fuerzas populares. Contrario al proceso del 2006 en el que llamaba a luchar abiertamente contra la «mafia del poder», López Obrador ha volteado hacia la derecha haciendo coalición con políticos priístas, panistas, empresarios, grupos conservadores, intentando ampliar así su coalición, lo que parece haberle funcionado y lo tiene en el primer puesto de las encuestas electorales. Sin embargo enfrenta ataques provenientes de fuertes sectores ultraliberales enquistados en el Estado y en el PRI y el PAN, que lo ven como obstáculo a sus intereses depredadores, no obstante la filiación capitalista y neoliberal de López Obrador.

Sin que a la fecha pueda asegurarse que López Obrador vaya a triunfar en las elecciones de julio 2018 es claro, por un lado, que entre más amplia la coalición mayores posibilidades tiene de triunfar. No importando quienes sean estos grupos mientras estos respeten el acuerdo de coalición propuesto por López Obrador, así lo ha dicho en reiteradas entrevistas. Como la coalición emprendida por Iturbide esta coalición puede alcanzar para tomar el poder pero no para mantenerlo. Como la coalición emprendida por Madero si llegara al gobierno López Obrador este tenderá hacia la derecha por inercia de su proceso de convocatoria «amplio» lo que sugiere que tarde o temprano por la presión de las elites va traicionar a los grupos populares que lo acompañan y que confían en él. Que los zapatistas se nieguen a la alianza con López Obrador es no solo por una cuestión ideológica sino que ya sabemos que eso de confiar en los poderosos llevó a la muerte a Zapata, por lo que no es opción volver a confiar en ellas. Como la coalición emprendida por Juárez, López Obrador no va oponerse al proceso de despojo del capitalismo extractivista contra los pueblos por parte de mineras, o para establecer zonas de libre comercio, construir hidroeléctricas, trenes ultrarápidos, etc., ya lo anticipó en su proyecto de nación y amenaza con cumplirlo.

Para salir del periodo de guerra civil que se vive desde que en 2006 Felipe Calderón declarara la guerra a los empresarios narcotraficantes, un periodo de guerra que dura ya más de 10 años y que ha dejado miles de muertes, desapariciones, sufrimientos, humillaciones, es claro que se requiere de una coalición política amplia -nacional, a riesgo de que el ciclo de violencia se mantenga durante la próxima década. No obstante, siendo la guerra una función del sistema capitalista y en el contexto de la cuarta guerra mundial, es lejano que en el mediano plazo la guerra se acabe en México, siendo por ello una cuestión independiente de quien gane la presidencia.

Uno de los errores más comunes en la clasificación de las coaliciones es que tendemos a ocultar la amplitud de posiciones ideológicas y sectores socioeconómicos que participan en las coaliciones al darles el nombre de los caudillos quienes las encabezan. Esta tendencia al reduccionismo encasilla a los participantes, lo cual es evidente pues durante la revolución no todos los campesinos eran zapatistas sino que también los había en otras facciones; los villistas no eran todos forajidos, sino que entre ellos se contaban rancheros, peones, etc., y no, no eran socialistas; el maderismo de 1910 incluyó a zapatistas, peones, hacendados, etc. Las coaliciones de Iturbide y Carranza incluyeron a importantes grupos de poder, terratenientes y militares, pero también amplios sectores campesinos y populares. De lo anterior se desprende que el mote de lopezobradorismo oculta la diversidad de grupos que están participando en la coalición encabezada por López Obrador. Las críticas a las coaliciones no deben perder de vista que tienen propósitos específicos, son por tanto alianzas pragmáticas más que programáticas.

Nos encontramos en una disyuntiva histórica. Por un lado no sabemos si López Obrador en lugar de cerrar el periodo actual de guerra civil cual Porfirio Díaz, abrirá un renovado periodo de guerra civil como Madero hizo o si hará grande «nuevamente» al Estado mexicano como Cárdenas, con Morena como actor tragicómico imitador del viejo PRI. Por otro lado, el triunfo de Anaya, Meade El Bronco o Margarita, eso si lo sabemos, asegura la continuación invariable, por una parte, de la guerra civil que se vive desde 2006, con la consiguiente profundización del despojo contra los pueblos por parte de las elites, una guerra en que las mujeres y los infantes son de los grupos poblacionales más afectados, y por otra parte, de la subordinación de México a los Estados Unidos en momentos en que Estados Unidos, su líder y proyecto de estado-nacional, no gozan de gran respaldo entre la comunidad internacional.

Lejos de proponer confiar en la coalición lopezobradorista, consideramos que para reducir la posibilidad de traición a los pueblos hay que seguir el camino que marquen ellos, en este caso desde una posición anticapitalista como la sostenida por el Congreso Nacional Indígena, el Concejo Indígena de Gobierno y el EZLN. Abajo y a la izquierda seguimos en la tarea de construir una alianza popular perdurable, constituida por distintos sectores sociales explotados y marginados, que siente las bases de un nuevo sistema social, supere la actual etapa neoliberal y destruya para siempre al capitalismo. Lejos del caudillismo el EZLN está consciente, como siempre lo ha estado, de lo que está en juego para el futuro a mediano plazo: la supervivencia de la diversidad cultural, la sobrevivencia de los pueblos. En días pasados y desde hace varios años el EZLN ha esbozado una propuesta estratégica para conseguir dicha sobrevivencia en el contexto de la cuarta guerra mundial: resistencia y rebeldía. En un próximo texto hablaremos de ella.

Pd 1. El «marquismo» sólo existió en las cabezas de los traidores a la causa popular… y en las pesadillas del sup, nunca se constituyó como una coalición por lo tanto el caudillo Marcos nunca existió.

Pd. 2. La Alianza Nacional PRI-MORENA ganó en las elecciones del 2 de julio con más del 53% de los sufragios. El 5 de julio el EZLN anuncia que no se sumará a la ola lopezobradorista.